En octubre de 1962, aviones espías norteamericanos detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviéticas. en Cuba. Con el apoyo claro de sus aliados occidentales, Kennedy toma una medida de gran dureza: establece una “cuarentena defensiva”, es decir, un bloqueo de la isla, desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a Cuba. Si los navíos soviéticos intentaran forzar el bloqueo, el conflicto armado entre los dos superpotencias estaba servido.
Ahora, la Crisis de los pepinos amenaza con destruir la Pax Europea y provocar una guerra comercial y sobre todo una grave problema de confianza. Una señora de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storks, responsable de Sanidad de la ciudad-estado de Hamburgo, se salta a la torera la libre circulación de mercancias, uno de los pilares de la construcción europea, y establece un bloqueo comercial radical que afecta de manera clara a los 300.000 trabajadores hortofrutícolas de España, muchos de ellos andaluces.
Y como a estas alturas ya no me creo que nada sea casual, entiendo que, por muy federal que sea el Estado alemán, la señora Merkel está detrás de todo esto. Me baso en tres cuestiones. La primera, la pérdida de credibilidad de su gestión, plasmada en las sucesivas derrotas electorales, Länder a Länder. La segunda, la cortina de humo ante una deficiente gestión de crisis sanitaria provocada en el Mercado Central de Hamburgo, una especie de Mercasevilla o Mercamadrid. Es mucho más fácil culpar a uno de esos paises PIIGS, que ni controlan el gasto, ni reducen su deuda y además tienen unas vacaciones “excesivas”. Y finalmente el hartazgo de buena parte de la sociedad alemana hacia los supuestos despilfarros de sus vecinos comunitarios y la escasa conciencia europeísta de la Canciller plasmada en una magnífica frase de un tertuliano en La Noche en 24 horas, de TVE: “a la señora Merkel la Unión Europea le importa un pepino”





